espero con la lengua,
con las uñas mugrosas, espero
santos relojes calmantes
espero a que las aguas vuelvan a ser aguas
el aleluya número 55 de aute
la mirada sarnosa de un perro dentro de una manzana
sensatamente, multiplicada
y desatornillada de mis seis sentidos
espero
a que la libertad de el primer paso
y sonria con su primer diente de leche
fcr
miércoles, marzo 26
domingo, marzo 23
domingo, marzo 16
lunes, febrero 25
La indiferencia
Ella es toda lentes armani, huipil oaxaqueño, y la mano en el pecho cuando “Estrella” canta Sólo le pido a dios. Por la noche a bailar y cantar a coro con el grupo de trova latinoamericana, y vino de la región. Cuando se trata de externar su opinión acerca de la situación política del país, los pobres son revoltosos y güevones, los malpagados son desagradecidos y la paz la instala la pe efe pe. Cuando el pueblo, ese pueblo invisible sale a la calle con sus andrajos, una piedra y tres pesos en el bolsillo, hay que huirle.
Sólo le pido a Dios*
que el dolor no me sea indiferente,
que la reseca muerte no me encuentre
vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.
¿Dónde quedó la mano en el pecho? ¿el dolor compartido? un joven con un cartucho de gas lacrimógeno en el pecho se desangra, otro joven con el cráneo abierto a macanazos llora en el piso ante la mirada rabiosa de su madre. La impotencia en la voz de una señora que entrega una flor a un policía que no puede limpiarse las lagrimas del rostro.
Un hombre agradece la muerte de un periodista extranjero, porque así Bush ordenó a Fox la incursión de la policía federal en Oaxaca.
Una mujer grita que la PFP es su convicción.
Sólo le pido a Dios
que lo injusto no me sea indiferente,
que no me abofeteen la otra mejilla
después que una garra me arañó esta suerte
Ensenada, BC
La mutilación de la conciencia vía antro gigante, la indiferencia con sus tintes folclóricos paseando en la primera. Jóvenes y adultos que no leen, no escuchan, no quieren abrir la puerta a otro mundo, cierran los ojos ante la realidad y cambian las manifestaciones por la baja 1000 y un six, aplaudiendo a un municipio que les vende cerveza hasta dejarlos tirados por la prima vía. La indiferencia tiene que ver con tres cerezas que coinciden en un traga monedas, tiene que ver con el cerebro dañado por los decibeles, la indiferencia tiene el rostro de un empresario joven aceptando lavar dinero, tiene que ver con un ebrio decrepito manoseando una niña en un antro, la indiferencia es el olvido del otro, cerrar la mano y golpear al amigo por que cree en otro líder.
Sólo le pido a Dios
que la guerra no me sea indiferente,
es un monstruo grande y pisa fuerte
toda la pobre inocencia de la gente.
Hoy es sólo sólo una letra más que seguir en el karaoque, con tres chelas de más y un coscorrón.
En Ensenada la indiferencia se viste de azul y blanco, le estalla la indiferencia en la mano y cree que la TV es un ente que todo lo sabe y nos informa puntual sobre la intolerancia de los revoltosos, la violencia de los renegados. En Ensenada la indiferencia se desayuna con Loret de Mola y cena con Eduardo Ruiz Healy.
En ensenada la indiferencia es el crucero de la Juárez y Miramar repleto de basura, son las bocinas que revientan el oído a los transeúntes. Levanta consorcios frente al mar, inaugura espás para ejecutivos estresados, claro en zonas alejadas del mundano mundo de los waldos, costcos. La indiferencia abarrota wallmart en el día de su inauguración. y la gente abandona eventos culturales. La indiferencia es la apertura constante de oxxos y el cierre de la tienditas de la esquina, es el abuso mediático de las imágenes que no coinciden con lo narrado.
Sólo le pido a Dios
que el engaño no me sea indiferente
si un traidor puede más que unos cuantos,
que esos cuantos no lo olviden fácilmente.
La indiferencia en Ensenada desea granaderos, arrestos a mano dura y “limpia” contra aquellos que dicen lo que no está bien, contra aquellos que ejercen contra su gobierno la última frase de la toma de protesta de cualquier funcionario “...que el pueblo me lo demande”
Que la indiferencia nos agarre confesados, cuando un tolete llegue a golpear nuestra puerta o la de algún vecino, amigo, hermano y le saquen a empellones...cuando la indiferencia se reproduzca en nuestros cheques y servicios médicos, cuando la intolerancia y la indiferencia apedreen y nos digan que somos demasiado gordos, demasiado viejos, demasiado feos o demasiado insulsos para obtener un trabajo.
Sólo le pido a Dios
que el futuro no me sea indiferente,
desahuciado está el que tiene que marchar
a vivir una cultura diferente.
*Letra de la canción: Sólo le pido a dios Autor: León Gieco
Ella es toda lentes armani, huipil oaxaqueño, y la mano en el pecho cuando “Estrella” canta Sólo le pido a dios. Por la noche a bailar y cantar a coro con el grupo de trova latinoamericana, y vino de la región. Cuando se trata de externar su opinión acerca de la situación política del país, los pobres son revoltosos y güevones, los malpagados son desagradecidos y la paz la instala la pe efe pe. Cuando el pueblo, ese pueblo invisible sale a la calle con sus andrajos, una piedra y tres pesos en el bolsillo, hay que huirle.
Sólo le pido a Dios*
que el dolor no me sea indiferente,
que la reseca muerte no me encuentre
vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.
¿Dónde quedó la mano en el pecho? ¿el dolor compartido? un joven con un cartucho de gas lacrimógeno en el pecho se desangra, otro joven con el cráneo abierto a macanazos llora en el piso ante la mirada rabiosa de su madre. La impotencia en la voz de una señora que entrega una flor a un policía que no puede limpiarse las lagrimas del rostro.
Un hombre agradece la muerte de un periodista extranjero, porque así Bush ordenó a Fox la incursión de la policía federal en Oaxaca.
Una mujer grita que la PFP es su convicción.
Sólo le pido a Dios
que lo injusto no me sea indiferente,
que no me abofeteen la otra mejilla
después que una garra me arañó esta suerte
Ensenada, BC
La mutilación de la conciencia vía antro gigante, la indiferencia con sus tintes folclóricos paseando en la primera. Jóvenes y adultos que no leen, no escuchan, no quieren abrir la puerta a otro mundo, cierran los ojos ante la realidad y cambian las manifestaciones por la baja 1000 y un six, aplaudiendo a un municipio que les vende cerveza hasta dejarlos tirados por la prima vía. La indiferencia tiene que ver con tres cerezas que coinciden en un traga monedas, tiene que ver con el cerebro dañado por los decibeles, la indiferencia tiene el rostro de un empresario joven aceptando lavar dinero, tiene que ver con un ebrio decrepito manoseando una niña en un antro, la indiferencia es el olvido del otro, cerrar la mano y golpear al amigo por que cree en otro líder.
Sólo le pido a Dios
que la guerra no me sea indiferente,
es un monstruo grande y pisa fuerte
toda la pobre inocencia de la gente.
Hoy es sólo sólo una letra más que seguir en el karaoque, con tres chelas de más y un coscorrón.
En Ensenada la indiferencia se viste de azul y blanco, le estalla la indiferencia en la mano y cree que la TV es un ente que todo lo sabe y nos informa puntual sobre la intolerancia de los revoltosos, la violencia de los renegados. En Ensenada la indiferencia se desayuna con Loret de Mola y cena con Eduardo Ruiz Healy.
En ensenada la indiferencia es el crucero de la Juárez y Miramar repleto de basura, son las bocinas que revientan el oído a los transeúntes. Levanta consorcios frente al mar, inaugura espás para ejecutivos estresados, claro en zonas alejadas del mundano mundo de los waldos, costcos. La indiferencia abarrota wallmart en el día de su inauguración. y la gente abandona eventos culturales. La indiferencia es la apertura constante de oxxos y el cierre de la tienditas de la esquina, es el abuso mediático de las imágenes que no coinciden con lo narrado.
Sólo le pido a Dios
que el engaño no me sea indiferente
si un traidor puede más que unos cuantos,
que esos cuantos no lo olviden fácilmente.
La indiferencia en Ensenada desea granaderos, arrestos a mano dura y “limpia” contra aquellos que dicen lo que no está bien, contra aquellos que ejercen contra su gobierno la última frase de la toma de protesta de cualquier funcionario “...que el pueblo me lo demande”
Que la indiferencia nos agarre confesados, cuando un tolete llegue a golpear nuestra puerta o la de algún vecino, amigo, hermano y le saquen a empellones...cuando la indiferencia se reproduzca en nuestros cheques y servicios médicos, cuando la intolerancia y la indiferencia apedreen y nos digan que somos demasiado gordos, demasiado viejos, demasiado feos o demasiado insulsos para obtener un trabajo.
Sólo le pido a Dios
que el futuro no me sea indiferente,
desahuciado está el que tiene que marchar
a vivir una cultura diferente.
*Letra de la canción: Sólo le pido a dios Autor: León Gieco
sábado, enero 12
Una de vaqueros
Después de un robo a casa habitación uno trata de adaptarse a los vacíos, quizá para unos los objetos son objetos y así como vienen se van, estoy de acuerdo. Pero todo tiene una caducidad propia, no es lo mismo que la leche caduque un día, a tirar la leche que aún sirve. No es igual tener una sencilla camarita digital, que se descomponga y se vaya al cuerno, a que desaparezca sin más ni más de tu propio domicilio en manos de un ladrón. No es lo mismo envirular tu laptop, descomponerla de algún modo, a que ese mismo zángano se la lleve de tu casa.
Los objetos son eso, objetos que uno compra, recibe, crea y les da cierto valor en la vida cotidiana y de trabajo. No es que uno sea apegado a la materialidad de sus posesiones, ni que viva pendiente de la posesión. Sino que irse haciendo de un pequeño equipo para crear, para trabajar de manera más rápida con comodidad y calidad, es uno de los objetivos -aparte de otros obvios- de trabajar. Cuando uno de esos vaqueros que gustan de lazar objetos ajenos entrando a la propiedad privada de manera arbitraria, de veras que se siente una rabia y una impotencia bien bien triste.
Y creyente o al menos con la esperanza de creer, uno decide denunciar, irse a hacer tiempo a las instancias policiales para que no quede, sin precedente el hecho, el hurto, el robo, la voracidad de esos zánganos que le han hecho lo mismo a muchos ciudadanos, -por lo menos yo conozco a 10 más que les ha sucedido en los últimos 2 meses-y bueno nada malo sucede en esas instancias hasta puedo decir que me trataron excelente, hasta con incienso de patchuli salí del recinto policial.
No pretendo hacer un movimiento antilacras, ni tanto escándalo, pero me parece sorprendente que los delincuentes ya sientan que uno les compra regalitos y que tan conchamente puedan entrar por ellos el día que tienen tiempo de hurgar entre las cosas.
No tengo idea de lo que puede hacerse para que no roben, pero si sé que nuestra sociedad está en latente descomposición y se necesita algo más que buenas intenciones. El sistema político y económico ha creado una parvada de resentidos, que se alimentan de drogas-alcohol y ratería. ¿Quién querría trabajar en una maquiladora que se fugará con la producción y seguramente antes de pagar la quincena? ¿Quién querrá quedarse a laborar en una tienda donde destruyen comida frente a tus ojos, y tú con un hoyo en el estómago? Esta Ensenada y su más grande población de científicos tiene un tejido grandisisisisimo de: lavacarros, limosneros, mendigadores para casas de rehabilitación, descoyuntados, enfermos que deambulan con su miseria y locura a cuestas, malandros y cafres.
Esta Ensenada, con su vinito y sus grandes ferias de todo lo que se come y se bebe, está cubierta de todo tipo de alarmas que suenan todo el día, está rellena de basura y ruido. De vaqueros que lazan objetos ajenos en propiedad privada.
Después de un robo a casa habitación uno trata de adaptarse a los vacíos, quizá para unos los objetos son objetos y así como vienen se van, estoy de acuerdo. Pero todo tiene una caducidad propia, no es lo mismo que la leche caduque un día, a tirar la leche que aún sirve. No es igual tener una sencilla camarita digital, que se descomponga y se vaya al cuerno, a que desaparezca sin más ni más de tu propio domicilio en manos de un ladrón. No es lo mismo envirular tu laptop, descomponerla de algún modo, a que ese mismo zángano se la lleve de tu casa.
Los objetos son eso, objetos que uno compra, recibe, crea y les da cierto valor en la vida cotidiana y de trabajo. No es que uno sea apegado a la materialidad de sus posesiones, ni que viva pendiente de la posesión. Sino que irse haciendo de un pequeño equipo para crear, para trabajar de manera más rápida con comodidad y calidad, es uno de los objetivos -aparte de otros obvios- de trabajar. Cuando uno de esos vaqueros que gustan de lazar objetos ajenos entrando a la propiedad privada de manera arbitraria, de veras que se siente una rabia y una impotencia bien bien triste.
Y creyente o al menos con la esperanza de creer, uno decide denunciar, irse a hacer tiempo a las instancias policiales para que no quede, sin precedente el hecho, el hurto, el robo, la voracidad de esos zánganos que le han hecho lo mismo a muchos ciudadanos, -por lo menos yo conozco a 10 más que les ha sucedido en los últimos 2 meses-y bueno nada malo sucede en esas instancias hasta puedo decir que me trataron excelente, hasta con incienso de patchuli salí del recinto policial.
No pretendo hacer un movimiento antilacras, ni tanto escándalo, pero me parece sorprendente que los delincuentes ya sientan que uno les compra regalitos y que tan conchamente puedan entrar por ellos el día que tienen tiempo de hurgar entre las cosas.
No tengo idea de lo que puede hacerse para que no roben, pero si sé que nuestra sociedad está en latente descomposición y se necesita algo más que buenas intenciones. El sistema político y económico ha creado una parvada de resentidos, que se alimentan de drogas-alcohol y ratería. ¿Quién querría trabajar en una maquiladora que se fugará con la producción y seguramente antes de pagar la quincena? ¿Quién querrá quedarse a laborar en una tienda donde destruyen comida frente a tus ojos, y tú con un hoyo en el estómago? Esta Ensenada y su más grande población de científicos tiene un tejido grandisisisisimo de: lavacarros, limosneros, mendigadores para casas de rehabilitación, descoyuntados, enfermos que deambulan con su miseria y locura a cuestas, malandros y cafres.
Esta Ensenada, con su vinito y sus grandes ferias de todo lo que se come y se bebe, está cubierta de todo tipo de alarmas que suenan todo el día, está rellena de basura y ruido. De vaqueros que lazan objetos ajenos en propiedad privada.
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