dormir
sueños
cama
almohada
respirar
miércoles, noviembre 4
martes, septiembre 22
domingo, septiembre 13
heridas
llegué con tres heridas, una en un dedo del pie izquierdo, otra en el anular de la mano izquierda y una en la rodilla derecha.
llegué con tres heridas a la esquina de mi casa, tres perros negros, y la mirada inquisidora de un pordioceroo recostado frente a la ventana de mi casa.
no tengo perro, ya no tengo gato, y los grillos entran cada que abro la puerta de la casa.
no tengo perro ya no tengo gato y los grillos esperan a que abra la puerat de la casa para entrar.
los mato, no lo puedo evitar. no es odio a los insectos, no tengo historia apabullante contra el grillo cantor. simplemente donde brinco yo no puede haber más grillos.
mis tres heridas me duelen, la del pie al pisar, la de la mano al escribir. lavar, cualquier cosa que haga se me engancha la uña, doblo la pierna y la rodilla abre su herida y vuelve a doler.
la del pie me tropecé con el tapete de la casa, la del anular me corté con un cutter y la de la rodilla me di con una mesa de la marcheta, y luego otra vez al caer de la escalera de la casa mi rodilla dio con el filo metálico de un escalón
no tengo más animales en casa que una desordenada fila de hormigas y un grillo muerto, bueno. seguro que por ahí anda una araña o más.
respiro
llegué con tres heridas, una en un dedo del pie izquierdo, otra en el anular de la mano izquierda y una en la rodilla derecha.
llegué con tres heridas a la esquina de mi casa, tres perros negros, y la mirada inquisidora de un pordioceroo recostado frente a la ventana de mi casa.
no tengo perro, ya no tengo gato, y los grillos entran cada que abro la puerta de la casa.
no tengo perro ya no tengo gato y los grillos esperan a que abra la puerat de la casa para entrar.
los mato, no lo puedo evitar. no es odio a los insectos, no tengo historia apabullante contra el grillo cantor. simplemente donde brinco yo no puede haber más grillos.
mis tres heridas me duelen, la del pie al pisar, la de la mano al escribir. lavar, cualquier cosa que haga se me engancha la uña, doblo la pierna y la rodilla abre su herida y vuelve a doler.
la del pie me tropecé con el tapete de la casa, la del anular me corté con un cutter y la de la rodilla me di con una mesa de la marcheta, y luego otra vez al caer de la escalera de la casa mi rodilla dio con el filo metálico de un escalón
no tengo más animales en casa que una desordenada fila de hormigas y un grillo muerto, bueno. seguro que por ahí anda una araña o más.
respiro
martes, agosto 18
Ensalada de sucesos
Un hombre-río cruzó la calle dejando a su paso una estela de gotas rojas.
Una mujer gallo levantó el ala y en pleno kikiriqueo amenazó con despertar a medio mundo a deshoras.
Un maestro cansado de su clase de primer grado de primaria se escabulló dentro de un libro de poesía, pero jamás lo leyó, solo se refugió en él para contrabandear su hartazgo.
Un bombero, una enfermera y un dragador de aguas negras hacen fila cada mañana en liconsa, mientras no hay agua para apagar el fuego, el mar es una presa de aguas negras y el enfermo se autoinyecta.
El más sabio de los bohemios toma Viva Villa, en la tierra del vino.
Un hombre-río cruzó la calle dejando a su paso una estela de gotas rojas.
Una mujer gallo levantó el ala y en pleno kikiriqueo amenazó con despertar a medio mundo a deshoras.
Un maestro cansado de su clase de primer grado de primaria se escabulló dentro de un libro de poesía, pero jamás lo leyó, solo se refugió en él para contrabandear su hartazgo.
Un bombero, una enfermera y un dragador de aguas negras hacen fila cada mañana en liconsa, mientras no hay agua para apagar el fuego, el mar es una presa de aguas negras y el enfermo se autoinyecta.
El más sabio de los bohemios toma Viva Villa, en la tierra del vino.
jueves, julio 9
Cuando una gata se va
La Nina
en su origen de maullido, en su paso ya de 15 años, en su rasguño perpetró la imagen y cariño de ser parte de mí familia.
La Nina se fue, asustada, no se si ya esté en el cielo de los gatos o disfrute de otro boyler y otras croquetas en alguna casa de adopción.
La Nina llegó una tarde en brazos de Paty, un regalo viviente para Daniel y para mí.
Le gustaba subirse al hombro de Daniel mientras hacia la tarea, comer el queso de la pizza al menor descuido del dueño.
Jugar con pelotas de todo tipo, atrapar pájaros y ratones, poner en paz a perros abusivos, y asilar en su canasta caninos enfermos.
En más de una ocasión adoptó y alimentó con sus croquetas a gatitos paridos o abandonados en la calle.
Un día la Nina y yo, lloramos en la ventana, un dolor que yo sólo presentí en sus ojos llorosos y su maullido entrecortado.
La Nina escuchaba a Aute con la fascinación del descanso frente a la bocina del estéreo, le gustaban las chuletas ahumadas, pero no el jamón de pavo, ni el tocino, la Nina bebía mucha agua.
La Nina me acompañó cada mañana en el patio trasero de la casa a fumar un cigarro y tomar café, se echaba junto a mi con las patitas al aire y me cerraba los ojos.
La Nina tocaba la puerta para ver si estábamos en casa.
No le gustaba estar encerrada en dentro de la casa, escuchaba la sed de los pájaros desde su trinchera-lavadora.
Le gustaba asustar al repartidor de gas, brincándole desde atrás del boyler.
Le daban miedo las escobas.
Extraño su voz surcando la noche, sus buenos días
extraño a mi entrañable Nina.
La Nina
en su origen de maullido, en su paso ya de 15 años, en su rasguño perpetró la imagen y cariño de ser parte de mí familia.
La Nina se fue, asustada, no se si ya esté en el cielo de los gatos o disfrute de otro boyler y otras croquetas en alguna casa de adopción.
La Nina llegó una tarde en brazos de Paty, un regalo viviente para Daniel y para mí.
Le gustaba subirse al hombro de Daniel mientras hacia la tarea, comer el queso de la pizza al menor descuido del dueño.
Jugar con pelotas de todo tipo, atrapar pájaros y ratones, poner en paz a perros abusivos, y asilar en su canasta caninos enfermos.
En más de una ocasión adoptó y alimentó con sus croquetas a gatitos paridos o abandonados en la calle.
Un día la Nina y yo, lloramos en la ventana, un dolor que yo sólo presentí en sus ojos llorosos y su maullido entrecortado.
La Nina escuchaba a Aute con la fascinación del descanso frente a la bocina del estéreo, le gustaban las chuletas ahumadas, pero no el jamón de pavo, ni el tocino, la Nina bebía mucha agua.
La Nina me acompañó cada mañana en el patio trasero de la casa a fumar un cigarro y tomar café, se echaba junto a mi con las patitas al aire y me cerraba los ojos.
La Nina tocaba la puerta para ver si estábamos en casa.
No le gustaba estar encerrada en dentro de la casa, escuchaba la sed de los pájaros desde su trinchera-lavadora.
Le gustaba asustar al repartidor de gas, brincándole desde atrás del boyler.
Le daban miedo las escobas.
Extraño su voz surcando la noche, sus buenos días
extraño a mi entrañable Nina.
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